La descarbonización corporativa se consolida como estrategia de negocio, pese a la volatilidad global

En un año atravesado por shocks energéticos, incertidumbre regulatoria y presión sobre los costos, la descarbonización empresarial superó una prueba clave: su capacidad de sostenerse cuando el contexto deja de ser favorable. El “PwC’s Third Annual State of Decarbonization Report (2026)” confirma que la agenda climática no solo sigue en pie, sino que está mutando hacia una fase más madura, donde la ejecución, la disciplina financiera y el impacto en el negocio pasan al centro de la escena.

El dato que resume este punto de inflexión es revelador: el 82% de las compañías mantiene o acelera sus objetivos de descarbonización. En paralelo, crece la proporción de organizaciones que están efectivamente en camino de cumplir sus metas, especialmente en emisiones de alcance 1 y 2, donde el 69% ya muestra avances consistentes.

Estos avances reflejan un cambio profundo en la forma en que las compañías abordan la Sostenibilidad: Como un motor de valor económico y eficiencia operativa. La capacidad de ejecutar, medir con rigor y alinear la estrategia de descarbonización con los objetivos del negocio es un diferencial clave para competir en mercados cada vez más exigentes y regulados”, afirma Diego López, Socio de PwC Argentina, a cargo de la práctica de Sostenibilidad y Cambio Climático.

Por su parte, Belén Zermatten, Directora de Sostenibilidad y Cambio Climático en PwC Argentina, agrega que “la descarbonización dejó de ser un ejercicio aspiracional para convertirse en un factor estratégico para las organizaciones. Hoy vemos cómo las compañías que integran estos avances en sus decisiones de inversión, en la gestión de la cadena de valor y en la calidad de sus datos reportados no solo reducen riesgos, sino que fortalecen su competitividad y su resiliencia en el largo plazo”.

La sostenibilidad entra en modo “core business”

El informe marca un cambio de paradigma: la sostenibilidad deja de ser un vector reputacional para convertirse en una palanca estratégica. Las empresas están sometiendo sus iniciativas climáticas al mismo rigor que cualquier decisión de inversión, evaluando retorno, riesgos y contribución al crecimiento.

En este nuevo enfoque, la cantidad de objetivos pierde protagonismo frente a su calidad. Si bien la creación de nuevas metas se desacelera —apenas un 7% de crecimiento en 2025—, estas son cada vez más robustas, alineadas con la ciencia y, sobre todo, ejecutables. El resultado: menos anuncios, pero más credibilidad.

Capital más inteligente, energía más estratégica

Uno de los hallazgos más relevantes es la evolución en la asignación de capital. Frente a la suba de precios energéticos y la reducción de incentivos, las compañías están afinando dónde invierten cada dólar. El foco se desplaza desde grandes apuestas en oferta energética hacia iniciativas de eficiencia, reducción de demanda y optimización operativa.

Este cambio no es menor: empresas que priorizan inversiones alineadas con la transición climática —especialmente en sectores intensivos en carbono— están capturando mejores valuaciones y diferenciándose frente a inversores. La energía, en este contexto, deja de ser un costo a gestionar y se convierte en un activo estratégico que impacta directamente en la competitividad.

Scope 3: el frente más complejo —y decisivo

Si hay un terreno donde se jugará la próxima etapa de la descarbonización, es la cadena de valor. Las emisiones de alcance 3 siguen siendo el mayor componente de la huella de carbono corporativa, pero también el más difícil de gestionar.

El informe revela una brecha crítica: solo el 18% de las empresas tiene visibilidad consistente más allá de sus proveedores directos. Esto limita la capacidad de actuar sobre las fuentes de mayor impacto y expone a riesgos operativos y reputacionales.

Las organizaciones líderes están respondiendo con un enfoque más sofisticado: mapeo profundo de la cadena, segmentación de proveedores críticos y esquemas de incentivos que alinean desempeño ambiental con objetivos de negocio. En este terreno, la gestión de datos y la colaboración se vuelven diferenciales competitivos.

El producto como motor de crecimiento

Otro cambio significativo es el rol del diseño de productos en la estrategia climática. Hasta el 80% del impacto ambiental se define en esta etapa, lo que la convierte en un punto de apalancamiento clave.

Pero el argumento ya no es solo ambiental. El informe muestra que productos con atributos sostenibles pueden generar incrementos de ingresos de entre 6% y más del 25%. En industrias como consumo masivo y retail, esto se traduce además en mayores márgenes y valuaciones superiores. La sostenibilidad, así, empieza a jugar directamente en la ecuación de crecimiento.

IA: alto potencial, ejecución incipiente

La inteligencia artificial aparece como uno de los grandes habilitadores de la próxima ola de descarbonización. El 60% de las empresas ya la utiliza en este campo, pero menos del 1% logra traducir ese uso en reducciones medibles de emisiones.

El cuello de botella no está en la tecnología, sino en los datos. La fragmentación, la falta de trazabilidad y la baja calidad de la información siguen limitando tanto la toma de decisiones como el reporting. En un entorno donde la información climática es cada vez más observable y verificable, este gap se vuelve crítico.

Una agenda más exigente —y más rentable

Para los autores del reporte, la descarbonización corporativa entró en una nueva etapa, definida por la precisión estratégica y la disciplina en la ejecución. Incluso las empresas que ajustaron sus ambiciones —un 18% redujo sus objetivos— lo hicieron, en muchos casos, para ganar realismo y viabilidad.

Lejos de debilitarse, el business case se fortalece. La evidencia muestra que las iniciativas de sostenibilidad bien diseñadas están contribuyendo a mejorar márgenes, impulsar crecimiento y reforzar la resiliencia operativa.

Para el management, la implicancia es directa: la descarbonización dejó de ser una agenda paralela. Hoy es una variable central en la creación de valor. Y, cada vez más, un criterio clave para diferenciar ganadores y rezagados en la economía que viene.

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