La multinacional presentó su primer Informe del Plan Lácteo, una estrategia que combina descarbonización, agricultura regenerativa, productividad y fortalecimiento económico de más de 130.000 productores en más de 40 países.

La transformación sostenible de las cadenas de suministro se ha convertido en una prioridad estratégica para las grandes compañías de alimentos. En ese contexto, Nestlé presentó su primer Informe del Plan Lácteo, en el que reporta una reducción del 26% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de su cadena de valor láctea durante 2025 respecto de la línea de base de 2018.
El resultado adquiere relevancia dentro de una industria donde la producción de leche representa una de las principales fuentes de emisiones asociadas a la elaboración de alimentos. La compañía atribuye este avance a un enfoque integral que combina innovación tecnológica, colaboración con productores, bienestar animal y adopción de prácticas de agricultura regenerativa.
La iniciativa involucra actualmente a más de 130.000 productores lecheros, más de 200 proveedores y una red de socios estratégicos distribuidos en más de 40 países. El objetivo es acelerar la transición hacia sistemas de producción más resilientes, eficientes y compatibles con los compromisos climáticos corporativos.
“El Plan Lácteo demuestra que la productividad, la leche de calidad y la sostenibilidad están estrechamente vinculadas y pueden reforzarse mutuamente de forma positiva”, afirmó Katja Seidenschnur, responsable de Sostenibilidad del negocio de Nutrición y Salud de Nestlé.
Descarbonización con impacto económico
Uno de los aspectos más destacados del informe es que las medidas implementadas buscan generar beneficios ambientales y económicos de manera simultánea. Entre las principales acciones se encuentran la optimización de la alimentación animal y la mejora en la gestión del estiércol, dos factores que representan una porción significativa de las emisiones de la actividad.
La compañía señala que la conversión de residuos orgánicos en energía o fertilizantes comerciales permite a los productores reducir emisiones, disminuir costos operativos y crear nuevas fuentes de ingresos. Como resultado de estas iniciativas, Nestlé informa haber logrado también una reducción del 25% en las emisiones de metano de su cadena láctea.
Para avanzar en esta agenda, la empresa trabaja a través de su Instituto de Ciencias Agrícolas junto con universidades, centros de investigación y organismos públicos especializados en soluciones basadas en ciencia para la mitigación de emisiones.
Agricultura regenerativa a escala
El informe también evidencia el creciente peso de la agricultura regenerativa dentro de la estrategia de abastecimiento de Nestlé. Durante 2025, más del 34% de las materias primas lácteas adquiridas por la compañía provinieron de establecimientos que aplican este tipo de prácticas.
Entre ellas se incluyen la cobertura permanente del suelo, la reducción de la labranza y la integración de árboles en los sistemas productivos. Según la empresa, estas técnicas contribuyen a mejorar la salud del suelo, optimizar la gestión hídrica y fortalecer la biodiversidad, factores cada vez más valorados por inversores, reguladores y consumidores.
La estrategia también incorpora programas orientados al bienestar animal mediante mejoras en nutrición, asistencia veterinaria y sistemas de refrigeración. Desde la perspectiva de negocio, la compañía sostiene que animales más saludables generan mayores niveles de productividad y una mejor calidad de la leche, fortaleciendo la competitividad de toda la cadena.
El productor como socio estratégico
Más allá de los objetivos ambientales, el Plan Lácteo coloca el foco en la sostenibilidad económica de los productores. La compañía ofrece capacitación técnica, formación en gestión empresarial y herramientas digitales destinadas a mejorar la toma de decisiones en las explotaciones.
Esta profesionalización busca fortalecer la resiliencia financiera de las granjas frente a un escenario caracterizado por la volatilidad climática, el aumento de costos y las crecientes exigencias regulatorias y de mercado.
Desde Nestlé explican que el desafío no se limita a reducir su huella ambiental. También implica garantizar el acceso futuro a materias primas de calidad en un contexto donde la seguridad alimentaria, la adaptación climática y la rentabilidad de los productores están cada vez más interconectadas.


