La pérdida de biodiversidad y el deterioro de los ecosistemas dejaron de ser únicamente una preocupación ambiental para convertirse en un riesgo financiero sistémico. Esa es una de las principales conclusiones de un reciente artículo de opinión firmado por Robin Hodess, CEO de GRI, y Eric Usher, director de UNEP FI, quienes sostienen que el sector financiero enfrenta una transformación acelerada en materia de reportes y gestión de riesgos vinculados a la naturaleza.

Foto: Robin Hodess, la nueva CEO de Global Reporting Initiative (GRI).
Los autores advierten que siete de los nueve límites planetarios ya han sido sobrepasados, mientras la pérdida de biodiversidad continúa acelerándose. En este contexto, remarcan que gobiernos, reguladores y mercados reconocen cada vez más que la degradación ambiental tiene consecuencias económicas directas, desde interrupciones en cadenas de suministro hasta caída del valor de activos y mayores riesgos crediticios y de seguros.
El artículo subraya que factores como el estrés hídrico, la degradación de los suelos o la pérdida de regulación natural frente a inundaciones impactan de manera creciente en la estabilidad financiera. Por eso, las instituciones financieras están incorporando la naturaleza dentro de sus análisis de riesgo y estrategias de negocio.
Reguladores y estándares aceleran el cambio
Hodess y Usher destacan que el escenario regulatorio internacional está evolucionando rápidamente. En la Unión Europea, el Banco Central Europeo ya integró la degradación de ecosistemas en su política monetaria y desarrolla investigaciones sobre riesgos financieros vinculados al agua. Al mismo tiempo, Sudáfrica realizó pruebas piloto sobre exposición bancaria a riesgos asociados a la naturaleza y China amplió su marco de finanzas verdes para incluir biodiversidad y transición ecológica.
Sin embargo, uno de los mayores desafíos sigue siendo la falta de información confiable y comparable. Según datos citados en el artículo, menos del 1% de las empresas que publican reportes divulgan actualmente sus impactos sobre la biodiversidad. Además, las entidades financieras identifican la escasez de métricas, modelos y escenarios como una barrera crítica para evaluar riesgos relacionados con la naturaleza.
Pese a ello, los autores sostienen que el ecosistema global de reportes está madurando con rapidez. Entre los desarrollos más relevantes mencionan las recomendaciones de la Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), que ofrecen lineamientos para identificar riesgos y oportunidades vinculados con la naturaleza, y la actualización del estándar de biodiversidad de Global Reporting Initiative, vigente desde enero de 2026.
También señalan que el International Sustainability Standards Board (ISSB) avanzó hacia la elaboración de estándares específicos sobre biodiversidad, ecosistemas y servicios ecosistémicos, con un borrador previsto antes de la COP17 que se celebrará este año en Ereván.
Qué implica para bancos y aseguradoras
El artículo plantea que las entidades financieras necesitan comprender con mayor profundidad cómo la pérdida de naturaleza afecta a sus carteras, evaluar las dependencias e impactos de sus clientes e integrar estas variables en decisiones de crédito, inversión, seguros y gestión de riesgos.
En este sentido, los autores consideran que los reportes de impacto serán clave para identificar actividades económicas que contribuyen a la degradación de ecosistemas y que podrían comprometer flujos de caja, resiliencia de activos y desempeño de largo plazo.
Hodess y Usher destacan además que ya existen experiencias concretas de implementación. Casos de entidades como Banco Davivienda, Banco de Bogotá y Nedbank muestran cómo algunas instituciones financieras están utilizando herramientas como ENCORE para identificar dependencias y riesgos relacionados con la naturaleza dentro de sus portafolios.
Asimismo, anticipan que los futuros estándares sectoriales de GRI para servicios financieros ayudarán a clarificar cómo bancos, aseguradoras y mercados de capitales deberán divulgar los impactos asociados a sus actividades de financiamiento y aseguramiento.
De la sostenibilidad voluntaria a la gestión estratégica
Para los autores, el principal cambio de fondo es que la naturaleza está dejando de ser un tema voluntario de sostenibilidad para convertirse en un componente central de la regulación financiera, la gestión de riesgos y la rendición de cuentas corporativa.
En esa transición, consideran indispensable que reguladores, organismos internacionales y desarrolladores de estándares trabajen de manera coordinada para garantizar reportes consistentes, comparables y útiles para la toma de decisiones.
El objetivo final, concluyen, será alinear los flujos financieros con resultados “nature-positive”, es decir, compatibles con la protección y restauración de los ecosistemas de los cuales depende la economía global.


