Un nuevo estudio global de Ipsos revela una tensión creciente en la percepción pública frente al cambio climático: mientras las temperaturas alcanzan niveles récord, la disposición individual a actuar disminuye y la responsabilidad se desplaza hacia gobiernos y empresas. El informe “The Ipsos People and Climate Change Report 2026” traza así un cambio de época en la forma en que ciudadanos, consumidores y líderes corporativos enfrentan la transición hacia una economía baja en carbono.

El dato central del relevamiento —realizado en 31 países— es paradójico. A pesar de que los últimos once años han sido los más cálidos de la era moderna, en todos los países analizados cayó la proporción de personas que considera que la inacción individual frente al cambio climático implica fallarle a las futuras generaciones. Lejos de una apatía total, el informe describe un fenómeno de “fatiga climática”: la preocupación persiste, pero la sensación de eficacia individual se debilita.
En ese contexto, la expectativa social se redefine. Una mayoría sigue creyendo que se necesita acción —en 28 de los 31 países encuestados así lo expresan—, pero cada vez más ciudadanos consideran que el liderazgo debe provenir de instituciones. Solo el 30% percibe que su gobierno cuenta con un plan climático claro, lo que alimenta una creciente demanda de intervención estatal y empresarial.
La transición energética, entre costos y seguridad
El estudio identifica además un punto de inflexión en la transición energética. El apoyo público a las energías limpias ya no es incondicional: está atravesado por preocupaciones concretas como el costo de la energía, la confiabilidad del suministro y la seguridad geopolítica.
A nivel global, la mitad de los encuestados respalda priorizar precios bajos de la energía, incluso si eso implica mayores emisiones. Al mismo tiempo, un 55% se muestra dispuesto a pagar más por energía si eso garantiza independencia energética. Esta aparente contradicción refleja lo que Ipsos denomina el “trilema energético”: la dificultad de conciliar simultáneamente objetivos de costo, seguridad y sostenibilidad.
Las tensiones geopolíticas recientes —incluidos conflictos en Medio Oriente— amplifican esta dinámica, al reforzar la percepción de vulnerabilidad frente a la dependencia energética externa.
Consumidores: valores resilientes en un contexto adverso
En el plano del consumo, el informe detecta una resiliencia inesperada de las decisiones basadas en valores. A pesar de la presión inflacionaria —que llevó a más de la mitad de los consumidores en Estados Unidos y Canadá a priorizar el precio en 2025—, el índice de consumo consciente en América del Norte creció de 38% a 40%.
Además, uno de cada dos consumidores afirma haber cambiado de marca por razones éticas en el último año. Sin embargo, el estudio advierte un cambio en la narrativa efectiva: los mensajes que conectan con beneficios inmediatos y tangibles superan a aquellos centrados en impactos ambientales de largo plazo.
ESG: menos discurso, más integración
En el ámbito corporativo, el informe señala una evolución hacia lo que define como “silencio estratégico”. Solo el 21% de los líderes empresariales consultados prefiere pronunciarse públicamente sobre temas potencialmente divisivos. No obstante, esto no implica un retroceso en la agenda ESG (ambiental, social y de gobernanza).
Por el contrario, el 81% de los ejecutivos considera que las iniciativas ESG ofrecen ventajas competitivas, especialmente en la atracción y retención de talento, mientras que un 60% advierte que un mal desempeño en estos aspectos ya tiene consecuencias materiales para el negocio.
La conclusión es que las empresas están pasando de una fase de comunicación activa a una de implementación más silenciosa, pero igualmente profunda.
Un cambio de foco en la acción climática
Más que un abandono del compromiso climático, el informe de Ipsos describe una reasignación de responsabilidades. En un contexto marcado por el aumento del costo de vida, la incertidumbre económica y la desconfianza en la capacidad de los gobiernos, los individuos no se retiran del problema, sino que exigen soluciones estructurales.
El desafío, según el estudio, es que esa expectativa encuentre respuesta. Sin liderazgo institucional creíble, la brecha entre preocupación y acción podría seguir ampliándose, incluso en un escenario donde la evidencia del cambio climático es cada vez más contundente.


